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miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Y el futuro del paradigma empresarial cooperativo?

(Un artículo de Rafael Cristóbal, Colaborador de LANKI, Instituto Universitario de Estudios Cooperativos, publicado en DEIA el 15 de septiembre 2015)

El paradigma cooperativo es simple en su formulación y denso en su materialización. No es integrable únicamente en la organización empresarial sino en toda forma de estructura societaria que aspire a un objetivo. De hecho, su fundador, el sacerdote D. José María Arizmendiarrieta, concebía la empresa en el centro de un entramado societario más amplio que abarcaba la existencia humana en su totalidad: longitudinal, desde la niñez hasta la ancianidad y transversal desde la salud hasta la escuela, con sus dominios colaterales urbanísticos y ecológicos. La empresa ocupaba un lugar central, como materialización democrática del mundo laboral y como factor económico sustentador de estas instituciones sociales.

Este modelo que en su momento despertó la admiración de cuantos soñaban con una sociedad más justa, emergía como una innovadora vía en lo individual y lo colectivo, frente a los dos sistemas antagónicos que en aquel momento ocupaban el campo convulso de la  ideología  y la praxis social: el colectivismo marxista y el individualismo liberal capitalista. Ambos tenían en común poner al Otro al servicio de sus propios intereses: uno al servicio de la idea y el otro al del capital. El primero tenía como herramienta el poder del estado en manos de la nomenklatura y el segundo el poder del capital que controlaba los mecanismos del estado.

Esta innovadora vía hundía sus raíces en tres tradiciones previas.

La primera raíz fue la doctrina social de la Iglesia. Esta doctrina era predicada en el púlpito, pero en la argumentación ideológica su referente era el pensamiento de Emmanuel Mounier con su Manifiesto al servicio del Personalismo. Este intelectual cristiano, traducía a términos filosóficos la esencia de la tradición creyente hebrea y cristiana en lo que respecta al sujeto y al pueblo. Frente a la masa, reivindicaba la comunidad humana, y frente al individuo autocentrado, la persona como Sujeto que,  integrándose en el pueblo, crece en armonía con él. Esta filosofía era la segunda raíz del paradigma.

Pero, ¿por qué este paradigma cooperativo se materializó en el País Vasco y más en concreto en la comarca de Mondragón? La respuesta a esta cuestión nos conducirá a la tercera raíz. El País Vasco poseía una larga tradición de individualismo paritario personificado en la figura del jaube que, en las Juntas, dirime con otros semejantes los temas comunes. Sociojurídicamente, este Ethos se expresaba en la Declaración de la Hidalguía Universal promulgada por el Fuero. Estos rasgos societarios junto con el Ethos de la valorización del trabajo como fidelidad a la objetividad, hacían de la ferrona Comarca de Mondragón una tierra fértil para que fructificase el paradigma empresarial cooperativo.

De estas tres raíces, surge el año 1955 la primera materialización del paradigma cooperativo, que en su formulación más concentrada consiste en “Un ser humano protagonista junto con otros de un proyecto comunitario al servicio de los seres humanos que lo iniciaron y lo construyen”. En este proyecto comunitario está contemplada la comunidad sociocultural con sus estructuras  e instituciones, que proporciona a sus  protagonistas mentalidad, ética y aliento.

Y surge una última cuestión: si la materialización de este paradigma surgió en un ámbito de cristiandad, de un hondo aliento cristiano y enraizado en la tradición paritaria de la cultura tradicional vasca, ¿qué futuro le cabe en un mundo atomizado postmoderno y postcristiano? ¿En qué motor motivacional podrá sustentarse esta realidad social y laboral engendrada en un centro parroquial de Acción Católica, situado en una de las geografías más arraigadas en la tradición cultural vasca?
La respuesta nos viene de las ciencias humanas contemporáneas. El paradigma cooperativo configura una estructura laboral y social en la que el Sujeto y la Comunidad pueden desarrollarse en condiciones óptimas. Porque en su versión más lograda, el sujeto se nutre del aliento de la comunidad, y el colectivo deja de ser masa por acción del sujeto para ser  una comunidad de seres humanos, libremente cooperando en fines comunes.

Pero si este paradigma se encuentra entre las fórmulas más excelentes de crecimiento humano, pues las ciencias nos dicen que el ser humano no puede crecer sin una comunidad y la comunidad no puede existir sin sujetos en libre asociación, este paradigma es igualmente exigente. Porque el equilibrio entre sujeto y comunidad es muy frágil. Poderosas fuerzas procedentes de su genoma primatico le empujan hacia el colectivismo de la masa, versión moderna de la horda primitiva, bajo el dominio  de un dictador. El socio cooperativo se transforma en proletario, solamente motivado por el beneficio inmediato o la evitación del castigo, y sus dirigentes en nomenklatura.  Creatividad y aliento humanista habrán desaparecido.


Su futuro depende de dos factores: vigilancia, para una permanente recreación del paradigma alejándose de sus desviaciones, y cultivo del sujeto. El sujeto ha de ser educado y  cuidado  en los ideales más elevados de cooperación. Y las instancias competentes de la empresa han de estar vigilantes para que las fuerzas de la herencia primatica no arrastren, como en el mito de Sísifo, la aventura cooperativa hacia los fondos de los instintos humanos más primitivos, incompatibles con este proyecto humanista.

domingo, 17 de mayo de 2015

¿Hacia una 'Sociedad Anónima cooperativa'?

(Un artículo de Juan Manuel Sinde, miembro de Arizmendiarrietaren Lagunak Elkartea, publicado en Deia el 11 de Mayo 2015)

La expresión 'Sociedad Anónima cooperativa' puede ser considerada, en primera instancia, como un oxímoron, esto es, como una contradicción en sus propios términos. Efectivamente, el concepto de 'sociedad anónima', en el imaginario de muchos y quizás por desdichadas prácticas de algunos, representa simbólicamente a una empresa cuyo único objetivo es conseguir los mayores beneficios posibles para sus accionistas, únicos detentadores del poder, y cuya única restricción es el respeto a la legalidad vigente. Aunque, obviamente, ese estereotipo no sea aplicable al funcionamiento de  muchas empresas que tienen esa fórmula jurídica.

Mientras que la empresa cooperativa busca armonizar los valores del humanismo con el realismo económico para ser competitiva en el mercado de forma sostenible y, a la vez, favorecer el desarrollo humano de sus miembros.

En este caso, las restricciones son mayores. Siguiendo el pensamiento de Arizmendiarrieta, inspirado en los principios éticos del humanismo cristiano,  el igual respeto a la dignidad de todas las personas debe ser preservado por encima de los intereses  económicos. Por otro lado, las necesidades del proyecto colectivo deben ser prioritarias sobre los intereses individuales, incluso los de sus socios propietarios.
Las coops. deben, además, recoger en su ordenamiento jurídico interno cómo instrumentar la participación de los trabajadores en las decisiones de gestión, en los resultados económicos y en la propiedad de la empresa.

La cohesión social interna debe estar favorecida por un abanico salarial estrecho que refuerce así una cultura de colaboración frente a la frecuente confrontación existente en las empresas convencionales.

Finalmente, la coop. debe preocuparse, dentro de unos límites, de los problemas de la comunidad en la que se inserta, frente a la alternativa de deslocalización propia del modelo de máximo beneficio.

Ciertamente, en un primer acercamiento, los valores y objetivos de ambos modelos jurídicos pueden considerarse irreconciliables. Pero quizás se trata de un juicio precipitado.

El relativismo y los límites del modelo societario cooperativo

En efecto, si nos situamos en un marco geográfico más amplio nos encontramos con situaciones diferentes. Así, en Inglaterra, cuna del cooperativismo mundial, no existe la figura de 'sociedad cooperativa' y éstas se distinguen del resto de empresas por sus reglas de juego internas, dentro de una legislación común, pero no por constituir una figura societaria diferente.

En otros países, como China y Rusia el concepto cooperativo está ligado a las imposiciones, arbitrariedades y purgas del régimen comunista, por lo que es, en la práctica, impracticable hoy en día.

¿Quiere esto decir que es preciso renunciar a la aplicación de los valores cooperativos en esos países? Arizmendiarrieta nunca hubiera aceptado esta conclusión. Como probablemente tampoco hubiera aceptado que las Sociedades Anónimas creadas por las coops. no tuvieran características singulares en su funcionamiento y regulación interna.

Por otra parte, la 'sociedad cooperativa', como toda obra humana, también tiene sus debilidades, algunas de las cuales quedaron de manifiesto en la crisis de Fagor Electrodomésticos. En efecto, ¿Cabe pensar que un Consejo de Admon. formado exclusivamente por trabajadores de la empresa vaya a tomar la decisión de prescindir de más de la mitad de la plantilla para salvar los negocios rentables y con futuro de la misma?

La financiación es también un problema no fácil de resolver en las coops. cuando la inversión por puesto de trabajo es alta. Las mismas cooperativas, en su desarrollo internacional, es difícil que apliquen sus propios principios renunciando al control y a los beneficios de sus proyectos exteriores, cuyas pérdidas irremediablemente deben asumir.

En definitiva, y a pesar de su éxito innegable, existen problemas para repetir en determinadas circunstancias el modelo jurídico cooperativo inicial, tal como, por otra parte, queda de manifiesto en los datos del desarrollo de sociedades y puestos de trabajo creados en los últimos años bajo las fórmulas coops. o de SA.

Y como lo corrobora, además, el hecho de que, 170 años después del inicio del cooperativismo, no ha sido posible crear en ninguna parte del mundo una “tercera vía”, alternativa a la economía de mercado y al socialismo, como era el sueño de sus primeros impulsores.

Las limitaciones del modelo, con todo, no empalidecen sus potencialidades y  el éxito global de la Experiencia cooperativa, que constituye el primer grupo empresarial del País Vasco, hace pensar en la utilidad para las SA de aplicar aquellos aspectos culturales y de funcionamiento interno que se han demostrado aportan valor a la competitividad del proyecto empresarial y a las personas que lo componen.

Conocidos los límites de la fórmula original coop., nos queda la tarea de buscar nuevas fórmulas empresariales que tangibilicen hoy el proyecto de Arizmendiarrieta de “Transformar la empresa para transformar la sociedad”. Se trataría de potenciar la inspiración ética, tanto en coops. como en SA, y de  procurar, si cabe, innovaciones societarias en el marco de las posibilidades de las instituciones vascas.


Para, en definitiva, abrir nuevos caminos que, en base a los valores cooperativos arriba citados, ayuden a resolver con una base humanista los problemas de las personas y empresas de este País, cualquiera que sea la fórmula jurídica elegida.

lunes, 30 de marzo de 2015

170 años de capitalismo, marxismo y cooperativismo

(Un artículo de Juan Manuel Sinde, miembro de Arizmendiarrietaren Lagunak Elkartea, publicado en DEIA, el 9 de noviembre de 2014)

En 1844 coinciden en Inglaterra hechos relevantes representativos de los tres sistemas económicos que iban a dominar el mundo económico en los siguientes años. Con la perspectiva del tiempo se pueden hacer algunas consideraciones, necesariamente esquemáticas, sobre la evolución de cada uno de ellos. Los eventos reseñables fueron los siguientes:

1.-Se aprobaron en el Parlamento inglés la ley que regulaba el funcionamiento de las sociedades por acciones y la ley constituyente del Banco de Inglaterra, que fijaba el papel del Banco central en la economía y completaba las bases del sistema bancario y monetario.

Se establecen, de esta manera, tanto a nivel microeconómico como macroeconómico la estructura del llamado sistema capitalista ó de libre mercado.

2.-Ese mismo año Marx y Engels publican sendos libros, describiendo las pésimas condiciones de la clase trabajadora británica y desarrollando los fundamentos filosóficos del posterior Manifiesto Comunista, editado 4 años más tarde.

(Marx y Engels - Foto: Berlin.de / Tobias Kneschke)

3.-Después de numerosos intentos fallidos anteriores, 28 trabajadores (27 hombres y 1 mujer) fundan en Rochdale, localidad cercana a Manchester, la primera cooperativa que va sobrevivir, representando simbólicamente el nacimiento del cooperativismo moderno.

Mucho se ha escrito desde entonces sobre las desigualdades e injusticias creadas por el sistema capitalista, como luego describiremos sucintamente. En cualquier caso, la implantación de dicho sistema coincide con el período en que una buena parte de la humanidad ha incrementado espectacularmente su renta y mejorado sus condiciones de vida. Según las estimaciones de Angus Madison, en su libro "La economía de Occidente y del resto del mundo en el último milenio" la renta media de los países del Occidente de Europa se dobló desde el año 1.000 al 1.800 pero luego se ha multiplicado por 20 en los dos siglos posteriores.

Las sucesivas crisis del sistema, al que Marx predijo su muerte como consecuencia de sus contradicciones internas, se han ido resolviendo con sucesivas reformas, en parte motivadas por la acción reivindicativa de las clases trabajadores, tanto a nivel de empresa como mediante la acción política, modificando leyes injustas que daban privilegios inadmisibles a grupos económicos minoritarios que les aseguraban pingues beneficios a expensas de altos precios a pagar por la ciudadanía en productos de consumo básicos.

El sufragio universal, sustituyendo al derecho de voto exclusivo de los poseedores de tierras (y que hacía, por ejemplo, que sólo tuvieran derecho a voto un 2% de la población), es apoyado por los grupos más preclaros de las clases dirigentes y abre la puerta a reformas sociales y económicas que, 100 años más tarde, culminan en la denominada " economía social de mercado", que poco tiene que ver con las dramáticas condiciones en que vivían las clases trabajadoras al comienzo de la revolución industrial.

El extraordinario incremento de la renta en los años en que el sistema capitalista ha estado en vigor es consecuencia, por otra parte, de la eficacia en la aplicación de los descubrimientos científicos y técnicos, con el consiguiente aumento de la productividad y de la creación de riqueza.

Sin embargo, en los primeros años de este sistema, el egoísmo desenfrenado de los propietarios de los nuevos medios de producción hizo pensar a Marx que la dramática situación de los trabajadores nunca se podría corregir dentro del sistema, dominado por unos pocos, y que sólo una fórmula revolucionaria podría modificarla.

Ciertamente, el descontento social tenía razones sobradas: niños de 8 y 9 años trabajando 12 horas diarias en las industrias textiles (¡hasta el año 1833 no se aprueba la ley prohibiendo el empleo de niños menores de 9 años!), jornadas laborales generalizadas de 15 horas diarias para los jóvenes y de 12 a 15 horas paras las mujeres (hasta el año 1847 no se limita la jornada diaria a 10 horas).

Se daba, por otra parte, una alta mortalidad infantil debido a la falta de nutrición y de condiciones higiénicas adecuadas: en 1839 la mitad de los funerales en Londres fueron de niños menores de 10 años y la emigración suponía una de las pocas salidas individuales a aquella situación, lo que generó la marcha a USA de 11 millones de personas en los últimos 20 años del siglo XIX.

Sin embargo, la aplicación de las propuestas de Marx condujo a una situación económicamente ineficaz y que produjo la muerte de millones de personas en la URSS, bien por errores económicos, bien por razones políticas. La búsqueda del bien común sustituyendo la propiedad privada de los medios de producción (y con ella cualquier iniciativa privada) por la propiedad estatal de los mismos; la sustitución del mercado por la planificación centralizada y de la democracia política por la dictadura de un partido único "bienintencionado" devino en un sistema cuyo fracaso se visibilizó con la caída del Muro de Berlín.

La superioridad práctica de la llamada “economía de mercado” (a pesar de sus nuevas crisis) quedaba, así, incuestionable, lo que hace que cualquier otra alternativa se reduzca a países como Corea del Norte con regímenes ineficientes... y despiadados.


¿Y cuál ha sido la aportación del cooperativismo en este tiempo? La respuesta a esta pregunta merece unos comentarios adicionales que son objeto de otro artículo en el que describimos las indudables aportaciones-pero también los límites-de este movimiento empresarial que ha cuajado con singular importancia en nuestro País.

viernes, 20 de marzo de 2015

170 años de cooperativismo

(Un artículo de José Manuel Sinde, publicado en Deia en de Diciembre de 2014)

El cooperativismo surge como reacción al capitalismo, para resolver desde la sociedad y la empresa algunos problemas creados por el mismo en los trabajadores y familias de la época. Se inspira en las ideas de los socialistas utópicos pero, sobre todo, en Robert Owen, quien, además, poniendo en práctica sus ideales humanistas consiguió que la empresa que dirigía fuera la más grande en el sector textil inglés de entonces... y una de las más rentables de Europa (cuando el ROE medio era de un "modesto" 30-40%).


Esa capacidad de compaginar una preocupación por las personas y el éxito empresarial probablemente fuera la causa de la gran popularidad que adquirieron sus propuestas y que hizo que incluso dos presidentes USA diferentes (Adams y Monroe) organizaran sendas sesiones conjuntas del Congreso y del Senado para escucharlas.
Sin embargo, la tarea de armonizar en la práctica los ideales humanistas y el realismo económico no se reveló nada sencilla y la casi totalidad de las coops. creadas en base a las ideas de Owen quebraron.
No obstante, en diciembre de 1844, cerca de Manchester, nace una nueva coop. que, manteniendo los valores iniciales de igual dignidad de todas las personas, solidaridad y cooperación modifica el modelo inicial. Los cambios: considera imprescindibles los beneficios a fin de capitalizar la empresa, remunerar adecuadamente el capital que se va formando y, por otro lado, eliminar el cobro a crédito (que estaba en la base de los fracasos anteriores)
Además, traduce sus principios morales en ventajas para sus clientes y, por ello, se compromete a no vender alimentos adulterados ni engañar en el peso, prácticas ambas bastante generalizadas entre los comerciantes de la época. (En 1861 una investigación demostró que el 87% del pan y el 74% de la leche vendidos en Londres estaban adulterados)
Se adelantaban así 30 años a la ley que iba a regular el comercio de alimentos y sentar las bases para la desaparición del fraude. Apuntaban, de esta forma, otra de las características de las coops. desde entonces: influir con su actuación en los cambios de los hábitos en las relaciones económicas.


La nueva coop. demostró su eficacia y surgieron en Inglaterra cientos de coops. similares, primero, y en otros sectores económicos, después, iniciando un fantástico crecimiento internacional que hace que hoy más de 720M. de personas de todo el mundo tengan alguna relación con una coop.
Como contrapartida, sin embargo, se constata que después de 170 años de existencia las cooperativas no representan en ningún país más del 10% del PIB, siendo , por tanto, una fórmula que, aunque significativa, no ha supuesto de hecho una alternativa a las formulas societarias tradicionales en las empresas de ningún país del mundo.
Determinados valores del cooperativismo han ido siendo, con todo, asumidos por la legislación y por algunas empresas convencionales de los países desarrollados, convencidas de que el aumento de la competencia internacional requiere de la colaboración de los trabajadores en el proyecto empresarial.


 El cooperativismo en el País Vasco


El cooperativismo vasco tiene una personalidad propia ya que la Experiencia de Mondragón es un referente en el cooperativismo mundial, en el que ha sido innovador en varios ámbitos.
Quizás debido a que su fundador, el P. Arizmendiarrieta, no tenía como objetivo un proyecto coop. sino un proyecto de transformación social, que comenzaba con la transformación de la empresa en base a los principios y valores de la Doctrina Social de la Iglesia.

Incluso quiso inicialmente evitar dicha fórmula por sus connotaciones políticas de entonces, aunque luego se adhirió a ella como la opción que hacía más posible poner en práctica sus ideas.
Arizmendiarrieta fue innovador en muchos ámbitos cooperativos. Promovió un modelo novedoso de coops. industriales (el Grupo factura, de hecho, tres veces más que el 2° grupo coop. industrial del mundo); inspiró una coop. de crédito igualmente única, en la que los clientes no eran miembros sino las empresas cooperativas que la fundaron; abrió también nuevas variantes cooperativas en las que luego se han inspirado coops. de investigación, facultades universitarias,…
Impulsó el concepto de intercooperación  (llegando posteriormente a límites no conocidos en otros lugares) y, sobre todo, confirió a la iniciativa un carácter ideológico no dogmático, subrayando siempre el carácter de Experiencia, que buscaba sintetizar valores humanos y competitividad en el mercado para resolver problemas de las personas y la comunidad.
La adaptación a los cambios en la economía mundial y el proceso de globalización ha exigido en los últimos años la utilización por las coops. industriales de fórmulas jurídicas convencionales, aunque buscando siempre que el modelo de gestión de esas empresas mantuviera los valores diferenciales de las coops. que las han promovido.
En el País Vasco han supuesto, por otro lado, una referencia singular, con un estilo de hacer diferente y una influencia en el medio en que actúan, lo que nos pudiera hacer recordar la influencia de las coops. inglesas en el siglo pasado en los casos citados.
No será posible establecer un nuevo modelo económico en el País Vasco distinto de la economía de mercado, pero tal vez sí volver a demostrar que la participación de las personas en el proyecto empresarial puede llevar a una economía a la vez ética y eficaz, que mira, además, a la comunidad por encima de sus legítimos intereses particulares.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Descalzo sobre la tierra roja

Así se llama la serie de dos capítulos, que se emitieron en Televisión Española el pasado 9 de septiembre. Muestran la vida de Pedro Casaldáliga en Sao Felix do Araguaia, Mato Grosso, Brasil, y así otra cara de la pobreza: la de que quienes padecen, gozan  y luchan, más allá de nuestras fronteras, por conquistar su dignidad humana.

En el primer capítulo, Pedro Casaldàliga, un misionero de cuarenta años, llega en julio de 1968 a Brasil acompañado de Daniel, su ayudante, aun no ordenado sacerdote. La misión está en São Félix do Araguaia en una región habitada por pueblos indios y pobres campesinos que trabajan la tierra…

Verlo aquí
 
En el segundo capítulo, Casaldàliga publica, sin el consentimiento de la Conferencia Episcopal de Brasil, el manifiesto - "Una iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social" - que da la vuelta al mundo y pone en evidencia la situación inhumana que se vive en la región.

Verlo aquí

viernes, 13 de junio de 2014

Noventa y nueve años de Arizmendiarrieta. Tres enseñanzas de actualidad

Como colofón de los artículos y conferencias que hemos publicado sobre el fundador de la Experiencia Cooperativa de Mondragon (ECM), recogemos hoy un artículo de Juan Manuel Sinde, publicado en el Grupo Noticias.

En él se destacan tres aspectos del pensamiento de Arizmendiarrieta, correspondientes al ámbito macroeconómico, al diseño empresarial y al modelo de liderazgo en las organizaciones. En esos tres ámbitos el impulsor de la ECM, basándose en los valores del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, se adelantó muchos años a modernos  estudiosos del “management” empresarial.

Juan Manuel Sinde termina el artículo con una comparación: 'En cuanto a su comportamiento personal, Arizmendiarrieta encaja de forma llamativa con el que Jim Collins, en su conocido trabajo Good to Great, destaca en los líderes de las empresas excelentes: personas que "compaginan una extrema humildad personal y una intensa determinación profesional. Rehúyen la fama canalizando sus ambiciones hacia la meta de construir una compañía excepcional".

Leer el artículo aquí.

domingo, 11 de mayo de 2014

Interesante reflexión del Secretario del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Monseñor Toso


Con motivo de la presentación de la conferencia impartida por Javier Retegui el pasado 29 de abril, en Roma, bajo el título “El cooperativismo como una de las respuestas de la Doctrina Social de la Iglesia ante la crisis económica. La acción pastoral del P. Arizmendiarrieta y la Experiencia cooperativa” (se adjuntará la semana que viene), Monseñor Toso ha realizado una interesante disertación, que se puede leer aquí.
 

En ella recuerda el vínculo inseparable entre evangelización y compromiso social que Francisco resalta en la Evangelii gaudium, subrayando que  lo social adquiere centralidad para el compromiso evangelizador de la comunidad cristiana, de toda la Iglesia y también para el testimonio del cristiano laico (tal como estamos propugnando con la promoción de los Compromisos cristianos ante la crisis).
 

Recuerda, por otro lado, que  “la inequidad es la raíz de los males sociales” y que hemos de decir  “No a la globalización de la indiferencia”. Con el Papa Francisco indica que la indiferencia es la condición que hace posible el “entusiasmo con el ideal egoísta de sostener un estilo de vida que excluye a otros” y que la cultura del bienestar “nos anestesia”. 
 

Termina alabando el comportamiento de la Experiencia cooperativa de Mondragón, que a la vez que genera riqueza y compite en el mercado, se asienta en principios éticos inspirados en el Evangelio y la Doctrina Social. Destaca que, en la gestión de su reciente  crisis, las prioridades han estado en la recolocación de sus trabajadores afectados, lo que le diferencia de la actitud más frecuente de las sociedades multinacionales

lunes, 21 de abril de 2014

99 años de Arizmendiarrieta


El 22 de abril se cumplen 99 años del nacimiento de Jose María Arizmendiarrieta en un modesto caserío de Markina.



Inspirador de la Experiencia Cooperativa de Mondragon , se adelantó a su tiempo demostrando que la aplicación de  determinados valores humanistas en la empresa, lejos de ser una utopía idealista, contribuyen a mejorar la competitividad y éxito de la misma.
 
En este enlace se damos el texto íntegro de la presentación de su Vida y Obra, tal como se realizó en octubre del 2012 por Jose Luis Jimenez Brea, con motivo de la celebración del Sínodo de los Obispos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Recordando a Arizmendiarrieta


 
“Allá donde los derechos se proclaman antes que los deberes, la solidaridad es más instrumental que transformacional" indica Pako Garmendia en el interesante artículo publicado el pasado 3 de diciembre en Deia, en el que analiza algunos elementos relativos a los valores y comportamientos personales en el funcionamiento cooperativo histórico y actual. (Ver el artículo aquí)

Quizás en ese contexto viene bien recordar  nuestro planteamiento de  comprometernos como cristianos en determinadas conductas ciudadanas basadas en deberes en relación al bien común de nuestra sociedad. Las reformas estructurales son necesarias pero, como se ha visto en la crisis de Fagor Electrodomésticos, no agotan las responsabilidades personales ante los problemas de la comunidad.

Además de que lo que nos correspondería como cristianos sería ir más lejos  para donar nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestras competencias personales al servicio de los más desfavorecidos.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Arizmendiarrieta en la frontera


(Artículo de José María Guibert, Jesuita, Rector de la Universidad de Deusto, publicado en El Correo del 29 de noviembre 2013)

La frontera es hoy en día un símbolo o metáfora que va más allá de las cuestiones puramente geográficas. Hay muchas áreas, culturales, sociales o ideológicas, en las que nos encontramos divididos y en las cuales hemos establecido, o heredamos, muros que aunque parezcan invisibles o intangibles ciertamente establecen espacios cerrados y estancos, con poca comunicación entre ellos.

Para la misma Iglesia católica, y para todos, las fronteras son lugares que, aunque parezcan inhóspitos o incómodos, son lugares de crecimiento, de renovación, de contacto con otros agentes y modos de vivir y pensar. A la larga, estar lejos de fronteras puede llevar al sectarismo, la "guetización" y la irrelevancia social y cultural. Las organizaciones a veces no tenemos ni personas, ni lenguajes, ni interfaces para estar presentes en lugares cultural o socialmente distintos a los “nuestros”.

La cuestión social, que afecta a todas las personas y organizaciones, ha sido no solo punto de división sino de encuentro. La Iglesia tiene aquí un ámbito propio de acción, tal y como lo ha hecho desde sus orígenes. El Misterio, Dios, la experiencia personal de la acción de Dios en cada uno de nosotros, lleva inmerso consigo el deseo o búsqueda de la fraternidad universal o justicia social. El teólogo Karl Rahner escribió: "En el futuro el cristiano será místico o no lo será". Años después el obispo Pedro Casaldáliga añadió: "El cristiano del futuro o será pobre solidario con los pobres, o no lo será". Las dos dimensiones son parte de la misma historia.

El sacerdote José María Arizmendiarrieta (Markina, 1915 – Arrasate, 1976) está inmerso en un proceso de canonización. Justificó su actuación en el ámbito social desde los pronunciamientos oficiales de los Papas sobre temas sociales recogidos en lo que se denominan “encíclicas sociales”. La primera encíclica de las que conforman la doctrina social de la Iglesia es de 1891 (León XIII, Rerum novarum) y la última de esta índole es de 2009 (Benedicto XVI, Caritas in Veritate). Este mes ha sido presentado en Sevilla el libro “Pensamiento Social Cristiano abierto al siglo XXI”, editado por el profesor José Sols y con la participación de un buen grupo de profesores de universidades jesuitas, entre ellos algunos de la Universidad de Deusto, de sus dos campus. A los temas clásicos de desarrollo humano, caridad, gratuidad, dignidad humana, derechos humanos, mercado, empresa, trabajo, propiedad, progreso, globalización, cooperación, etc., se añaden otros como ecología o tecnología que aparecen más explícitamente en la última encíclica citada de Benedicto XVI. Ese libro es sólo un signo más de que desde la perspectiva católica se puede hacer un aporte a la cultura realizando pronunciamientos que afectan a valores y creencias, a ideologías y derechos humanitarios, en un mundo en cambio y con necesidad de justicia y ética.

La santidad, en el mundo católico, hace referencia a personas que, por sus virtudes y vida, muestran para los cristianos caminos creíbles y elogiables de vida cristiana. En el caso de Arizmendiarrieta se muestra que no hay oposición entre ser sacerdote y ser emprendedor social. Incluso, se puede decir que ese sacerdocio se deriva o se expresa en ser emprendedor social. Este emprendimiento social se concretó en aplicar al mundo laboral u organizacional principios clásicos del pensamiento social cristiano y en colaborar en la fundación de instituciones cooperativistas. Y esto sin contraponer, más bien relacionándolo, con el fomento de la vida sacramental y el acompañamiento y la guía espiritual.

Algún analista comparó a Arizmendiarrieta con el paleontólogo y filósofo Teilhard de Chardin. Si el pensador francés se empeñó en mostrar que a Dios se va por la evolución de la creación, la espiritualidad de Arizmendiarrieta, en cambio, nos invita a ver que el trabajo nos lleva a Dios. Para algunas mentalidades la santidad está en espacios “sagrados” y no en los “profanos”. Arizmendiarrieta y sus seguidores no vieron la santidad como algo separado del mundo.

Este año, el aniversario del fallecimiento de Arizmendiarrieta (29 de noviembre de 1976) se celebra en un contexto muy particular: la crisis de una de las empresas emblemáticas del movimiento que él fundó. Esto ha provocado muchas reflexiones sobre el movimiento cooperativo. Ha servido para retomar y reafirmarse en los principios originales como son el de la participación o democracia interna, el de solidaridad (dentro de las empresas o entre cooperativas), o el de cooperación o ayuda a los demás. Y también para recordar que la clave del éxito está en que los anteriores valores no han de estar en contradicción con otros principios de la realidad, como son la gestión empresarial adecuada, con el importante rol de los cargos directivos; los criterios que pide el mercado, como son la eficiencia, la productividad o la rentabilidad; y otros factores relevantes, como son el dinamismo y la innovación.

Un hombre muy austero (Arizmendiarrieta) ayudó hace medio siglo a crear y repartir riqueza, conjugando esto con los valores de justicia social y solidaridad. Desde su sacerdocio fue sembrador de pensamientos audaces y avanzados, de anhelos nobles. Supo ver en la situación de crisis económica de la posguerra, en Arrasate, una frontera en la que había que introducirse. Estamos ahora en otra época de crisis, tanto para la economía como para la fe católica. Hacen falta Arizmendis que se comprometan personalmente con los problemas y que, desde el lado religioso y desde el lado humanista, den respuestas realistas a las nuevas necesidades.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El cardenal Turkson puso a la Experiencia de Mondragón como un ejemplo de Buenas Prácticas en la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia

Con motivo de la presentación de la Causa de Canonización de Arizmendiarrieta en Roma en octubre del año pasado, el Cardenal Turkson, Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, tuvo una breve alocución de la que reproducimos algunas partes:

“Es con grande satisfacción que el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» ha acogido la propuesta de la Corporación Cooperativa de Mondragón de promover juntos este encuentro para tributar un reconocimiento al Venerable Padre José María Arizmendiarrieta y al mismo tiempo promover el conocimiento de la Corporación, de la cual, durante su vida, él ha acompañado todas las fases de la fundación y de las actividades.

 
 
 
Diversas razones motivan esta mía satisfacción:
 

  1. La Iglesia ha siempre mirado con simpatía el desarrollo del movimiento cooperativo que ya hacia el final del siglo XIX se ha desarrollado también en el ámbito católico.
  2. Un segundo motivo de satisfacción para estar aquí reunidos hoy consiste en el hacer conocer una realidad económica y productiva cuyas raíces son indudablemente cristianas y que cabe en la que podría llamar la línea de acción del Pontificio Consejo «Justicia y Paz».
  3.       Además la obra del P. Arizmendarrieta y su influencia discreta pero constante junto al grupo de más de cien jóvenes formados por él, “óptimos cristianos, más aún verdaderos apóstoles”, que fundaron una empresa capaz de llevar los principios evangélicos de justicia social y de igualdad en el mundo del trabajo, es verdaderamente un punto de referencia para introducirse en esa “lógica del don” que, como ha afirmado el Santo Padre Benedicto XVI, debe informar también la vida económica.
  4. Finalmente, considero que, en el Año de la Fe, en este tiempo en el cual somos llamados a estudiar estrategias adaptas para llevar a cabo una Nueva Evangelización, el proponer de nuevo, cómo se hacía en el pasado, pero de manera renovada y con métodos que se sirvan de las tecnologías de las cuales se dispone actualmente, el conocimiento de aquellos que, en el nombre de Cristo han puesto la propia vida totalmente al servicio de los demás, pueda contribuir en gran medida en volver a acercar a la Iglesia nuestras sociedades, especialmente las occidentales, desencantadas y desilusionadas por los así llamados líderes políticos o del mundo financiero y económico. En resumen, sería ésta una manera de continuar a colaborar con el P. José María en su obra de evangelización de los social hacia la cual, incluso desde si estado actual –estamos seguros- él no deja de empeñarse.”

Leer el texto completo aquí.

martes, 5 de noviembre de 2013

¿Dudas sobre el cooperativismo?

A lo largo de la semana los sorprendentes acontecimientos relacionados con Fagor Electrodomésticos han suscitado dudas respecto a la validez de las fórmulas cooperativas.
 
En su artículo, “El caso Fagor Electrodomésticos: Algunos aspectos a considerar y valores a preservar”, aparecido en el Grupo Noticias, Juan Manuel Sinde (*) analiza algunos aspectos del caso y refuerza, por otro lado, los valores constitutivos del original modelo humanista vasco.

Introducción del artículo:

“La suspensión de pagos de Fagor Electrodomésticos (no confundir con otras cooperativas independientes que llevan Fagor en su marca) ha supuesto, en primer lugar, un “shock” para sus socios trabajadores y sus familias, que se encuentran con una situación de angustiosa incertidumbre sobre su futuro.
Vaya por delante mi convicción de que la cultura, la "expertise" y los recursos del grupo cooperativo serán suficientes como para facilitar a ese importante colectivo de personas las mismas ayudas prestadas a los socios de las 18 cooperativas cerradas a lo largo de la historia del grupo.



Pero dicho “shock” no se limita a ese grupo humano. Ni siquiera al del resto de cooperativistas del primer grupo empresarial vasco, sino que, por diferentes razones,  afecta también a ciudadanos y empresas de nuestro entorno.
La nueva situación puede tener importantes  consecuencias económicas negativas, al menos a corto plazo. Así mismo, puede suscitar interrogantes sobre la validez de determinados valores cooperativos en un mundo económico caracterizado por una competencia despiadada en un mercado globalizado.

(Modelo de gestión de la Cooperativa Mondragón)
 
Quizás merezca la pena, en ese contexto, repasar algunas circunstancias que han concurrido en esta situación, tratando de apuntar algunas reflexiones pendientes, necesarias para  el futuro. Ya que, efectivamente, en el caso de Fagor Electrodomésticos se han dado variables externas e internas que puede ser interesante recordar y sobre las que queda la tarea pendiente de profundizar”.


Continuar leyendo aquí. Ver también parte del artículo en Deia.

Juan Manuel Sinde cita en más de una ocasión al Padre Arizmendiarrieta, inspirador del cooperativismo. Para afrontar la dura situación actual, es oportuno recordar lo que el Padre repetía a sus jóvenes discípulos, que pusieron en marcha las cooperativas de Mondragón hace casi 60 años: “No lamentos, sino acción".

(*) Juan Manuel Sinde es Vocal de Arizmendiarrietaren Lagunak Elkartea