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viernes, 26 de junio de 2015

LA ASAMBLEA GENERAL DE CÁRITAS ABORDA LA APUESTA POR LA ECONOMÍA SOLIDARIA COMO MODELO SOCIAL ALTERNATIVO

Cáritas. 26 de junio de 2015.- La apuesta por el modelo de economía solidaria va a ser el tema central de reflexión y análisis de la LXXII Asamblea General de Cáritas Española, una cita anual en la participan más de 150 directores y delegados episcopales de las 70 Cáritas Diocesanas de todo el país.

Desde esta tarde hasta la mañana del próximo domingo, la Casa de ejercicios San José de la localidad madrileña de El Escorial acoge las sesiones de trabajo de este encuentro en el que, junto a las cuestiones estatutarias habituales, se abordarán las claves del trabajo que Cáritas viene desarrollando en el ámbito de la economía solidaria.
Una realidad visible en muchas Cáritas Diocesanas
Esta opción por un modelo alternativo en las diferentes fases de la actividad económica –producción, financiación, comercialización, consumo y estrategias comunitarias— se fundamente en “el principio de gratuidad y la lógica del don” enunciado por Benedicto XVI en Caritas in veritate.

La acción de acompañamiento, inserción y promoción a las personas más vulnerables a través de propuestas de economía solidaria es ya una realidad visible en numerosas Cáritas Diocesanas, algunas de las cuales –como Girona, País Vasco, Menorca, Albacete y Barbastro-Monzón-- presentarán en el encuentro las experiencias que llevan a cabo.

Previamente, el director del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad CEU-Cardenal Herrera de Valencia y miembro del Consejo Científico de FOESSA, Enrique Lluc, presentará una ponencia sobre este tema, en la que, además de exponer cómo el modelo actual general una sociedad excluyente e injusta que pone los intereses económicos por encima de las personas, analizará cuál es la capacidad de la economía solidaria como modelo alternativo a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y del propio Modelo de Acción Social de Cáritas.
Sesión inaugural
La sesión inaugural de la Asamblea estará presidida por monseñor Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara y responsable de Cáritas en el seno de la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Junto a él, están previstas también las intervenciones de Rafael del Río y Vicente Altaba, presidente y delegado episcopal de Cáritas Española.
Informe del secretario general
Como es habitual, esta misma tarde Sebastián Mora, secretario general de Cáritas, presenta su informe anual de actividad.

En una entrevista que se publica hoy en el blog Economía Solidaria de Cáritas, el propio Sebastián explica, con relación al tema central elegido para este encuentro confederal, cómo “es sabido por todos que en los últimos años se ha intensificado la problemática social y económica, y las indeseadas consecuencias que afectan a personas y familias en España. Pero no sólo en ella, sino también en todos los países del mundo, especialmente los del Sur. Si bien hay algunos avances en la permanente lucha contra la pobreza, aún son bastante insuficientes, lo cual nos obliga a redoblar nuestros esfuerzos cotidianos en esta tarea continua”.
“El sistema económico vigente –asegura-- es injusto, genera desigualdad y pobreza. El Papa Francisco ha sido muy claro en esto. En Evangelii Gaudium nos dice que ´así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Y esa economía mata”.

Para el secretario general de Cáritas “es aquí donde se enmarca, y no desde ahora, nuestra apuesta por la economía solidaria, entendiéndola como la construcción de un sistema económico alternativo que se alimenta de nuevas prácticas económicas, cuyo objetivo no es ganar dinero o producir riqueza como un fin en sí mismo, sino en el que las personas tengan acceso a condiciones dignas de vida, a bienes y servicios necesarios para su desarrollo, en condiciones justas, igualitarias y con criterios de solidaridad”,

Y es que no debe olvidarse, según sus propias palabras, que “la importancia que tiene este tema en nuestra Confederación es que nos creemos de verdad que desde esta nueva práctica económica es posible transformar la sociedad, desde un modelo de justicia, que permita el desarrollo de las personas, sus familias y la comunidad, de un modo sostenible”.



domingo, 12 de abril de 2015

Lo económico y lo social

(Un artículo de Guillermo Dorronsoro, Decano de  Deusto Business School, publicado en DEIA el 14 de Marzo 2015)

El lenguaje que utilizamos va construyendo una forma de entender la realidad, y por eso  es importante usarlo con propiedad. Y en los últimos tiempos estamos construyendo una barrera cuando hablamos de lo económico y de lo social para describir dos facetas diferentes de nuestra actividad.

Hablamos de planes económicos cuando nos referimos a la creación de riqueza, y en coherencia, utilizamos como patrón de medida el crecimiento del producto interior bruto. Hablamos de empresas y empresarios, hablamos de instituciones financieras, hablamos de inversiones, y todas esas cosas nos parece que encajan bien en el ámbito de lo económico.
Y hablamos de planes sociales cuando nos referimos a cómo se distribuye la riqueza, y utilizamos para medirlo el coeficiente de Gini o, últimamente, las tasas de desempleo, que se ha convertido en el factor de desigualdad más evidente. Hablamos de ONGs, de rentas de garantía o de viviendas protegidas.

Y vamos tirando con esa división entre lo económico y lo social, y vamos interiorizando que lo propio de la economía es crear riqueza y distribuirla mal, y lo propio de lo social es ayudar a las personas a las que la economía maltrata.

No es casual esta percepción, el sistema de capitalismo global imperante ha demostrado que es el más eficiente para crear riqueza, pero es mucho más torpe para repartirla. Y esa torpeza es mucho más visible cuando la economía crece despacio, porque la poca riqueza que se crea queda atrapada por aquellos que tienen más poder en el sistema, mientras los que quedan abajo ven como cada día se tienen que arreglar con menos.

Pero no tendría que ser así, y tenemos la responsabilidad histórica de arreglar esta disociación. Igual que reclamamos y defendemos las líneas rojas en políticas sociales (como la educación o la sanidad), la sociedad tendría que reclamar y defender líneas rojas en materia de políticas económicas. ¿De qué vale tener instrumentos para distribuir la riqueza, si nos olvidamos de crearla? ¿Qué futuro tendrá esta sociedad, si decidimos que quienes se dedican a la creación de riqueza  son enemigos de la sociedad, cuyo único destino es ser asados en impuestos para que paguen sus delitos?

Por eso me ha gustado mucho la estrategia económica que ha presentado a principios de ese mes de marzo la Primera Ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, que desarrolla cuatro ejes: Inversión, Innovación, Internacionalización y Reducción de Desigualdades. Tres ejes para crear el contexto en el que puedan florecer empresas y un eje para recordar a esas empresas que es también su trabajo repartir bien la riqueza que crean.

Y no ha dividido esta estrategia en dos, estrategia económica y estrategia social, sino que interioriza que debemos transformar la economía, para que vuelva al camino que no debió abandonar: estar al servicio de la sociedad.

Hay más cosas que me gustan de la estrategia económica de Escocia, un país con el que Euskadi comparte muchas facetas. Por ejemplo, cuando en el primer eje, el de la inversión, prioriza las inversiones en las personas, e incluye también aquellas necesarias para la defensa del medio ambiente.

No es casualidad que Escocia sea un país referente por la calidad de sus Universidades (4 situadas entre las 200 mejores del mundo en el exigente ranking que publica anualmente el Times Higher Education), y tampoco que sea líder mundial por su producción científica (en términos relativos a su dimensión) ¿Sabías que la máquina de vapor, la bicicleta, el teléfono, la televisión o la penicilina, fueron desarrollados por la ciencia y la ingeniería escocesa?

El futuro de los países depende de las inversiones que sean capaces de hacer hoy en sus personas, en sus infraestructuras de conocimiento y en su industria. Y por supuesto, depende también de que estas inversiones se hagan con criterios de justicia, que no demos por perdida a la economía como motor de la igualdad.

Nos interesa mucho que nuestra economía vaya bien, porque es condición indispensable crear riqueza para luego poder distribuirla. O mejor aún, nos interesa una economía que aprenda a distribuir mejor esa riqueza que creamos.

Sin duda es un reto histórico, y nos llevará mucho tiempo cambiar las reglas de juego, pero todas las grandes transformaciones, empiezan por romper barreras que tenemos dentro de nuestras cabezas. Vamos a dejar de separar en nuestras cabezas lo económico y lo social, vamos a recuperar la imagen de empresarias y empresarios como lo que son, motores del desarrollo social y prosperidad.


Vamos a trabajar porque Euskadi sea líder en mundial en la creación de las condiciones para que la economía florezca. Pero será una economía diferente, una economía que no olvide su fin último: la sociedad, las personas.