Aunque el texto original de la Exhortación papal, “Evangelii gaudium”, es
de suficiente interés como para leerlo completo, hemos recibido un
excelente resumen realizado en la Parroquia de San Vicente, de Bilbao, que
entendemos merece la pena conocerlo y conservarlo.
viernes, 17 de enero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
¿Quién lidera el rearme ético en la vida económica? Un propósito para el Año Nuevo
No se ponen de acuerdo los economistas respecto a la incidencia de la falta
de ética en la crisis económica actual. Mientras que algunos defienden que las
crisis se han sucedido a lo largo de la historia y habría que suponer que los
vicios que las causan son consustanciales a la naturaleza humana, otros (entre
ellos el vasco de Iparralde y ex-Director General del FMI, Michel
Camdessus) citan que las carencias éticas han estado en la raíz de la profunda
crisis económica que estamos atravesando.
Merece la pena, en cualquier caso, citar que, según una reciente
investigación realizada por la Diócesis, en Bizkaia una notable mayoría de los
ciudadanos (el 60%) sí considera que la crisis está ligada a la "falta de
valores en los modelos de comportamiento y conducta" en la vida social.
Aunque algunos de los aspectos más indignantes pueden influir en ese dato
(corrupción de algunos líderes políticos, deshonestidad e incompetencia de
banqueros con sueldos astronómicos, avaricia extrema de especuladores que
juegan con el hambre de millones de personas,...) el 61% opina que la
difusión de valores éticos es, con carácter general, en nuestra sociedad
bastante ó muy insuficiente.
Entendemos que estos datos pueden resultar una esperanza para abordar los
problemas de distinta manera. Ya que ninguna reforma fiscal será eficaz si los
perjudicados mueven su domicilio fiscal a otras comunidades ó si en la
conciencia social no consideramos fraude evitar el pago de impuestos cuando
ello no es posible de controlar por la Admón. (léase pago del IVA,....)
Igualmente, ninguna dotación presupuestaria para servicios sociales
será suficiente si es socialmente aceptable engañar en la información a la
institución pública correspondiente a fin de tener acceso a las
ayudas establecidas para los más necesitados.
Son de destacar, en este sentido, dos de los Compromisos asumidos por el
grupo impulsor del proyecto que inspira este blog:
- Actuar como contribuyentes éticamente responsables, pagando todos los impuestos sin fraudes ni artimañas legales, incluso solicitando la factura para pagar siempre el IVA
- Propiciar la existencia de becas u otras ayudas públicas utilizándolas responsablemente, a fin de que puedan llegar a todas las personas que realmente las necesitan.
Todos esos valores podrían ser un termómetro para calificar lo que
podríamos denominar nivel de ética ciudadana, entendida ésta como los hábitos
que las personas adquirimos para obrar de una determinada manera ante lo común.
Según el estudio realizado en Bizkaia antes citado, no es claro para los
ciudadanos qué instituciones podrían liderar ese necesario rearme ético en
nuestra sociedad.
La clase política y las instituciones públicas tienen una valoración
incompatible para ello. La Iglesia es, sin duda, la institución en la que más
esperanza tienen los que se declaran creyentes. Y, ciertamente, encajaría
plenamente con su Misión de predicar el Evangelio.
¿Podemos los laicos comprometidos aportar algo al respecto? Quizás las
fechas son oportunas para ponernos un objetivo que seguramente está al
alcance de nuestra mano…aunque sean necesarias la voluntad, tenacidad y
disciplina imprescindibles para cumplir cualesquiera de los propósitos que nos
hayamos formulado para el 2014.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Recordando a Arizmendiarrieta
“Allá
donde los derechos se proclaman antes que los deberes, la solidaridad es más
instrumental que transformacional"
indica Pako Garmendia en el
interesante artículo publicado el pasado 3 de diciembre en Deia, en el que
analiza algunos elementos relativos a los valores y comportamientos personales
en el funcionamiento cooperativo histórico y actual. (Ver el artículo aquí)
Quizás en ese contexto viene bien recordar
nuestro planteamiento de comprometernos como cristianos en
determinadas conductas ciudadanas basadas en deberes en relación al bien común
de nuestra sociedad. Las reformas estructurales son necesarias pero, como se ha
visto en la crisis de Fagor Electrodomésticos, no agotan las responsabilidades
personales ante los problemas de la comunidad.
Además de que lo que nos correspondería como
cristianos sería ir más lejos para donar nuestro dinero, nuestro tiempo y
nuestras competencias personales al servicio de los más desfavorecidos.
viernes, 20 de diciembre de 2013
La comunicación cristiana de bienes
La Navidad es un momento especialmente adecuado para recordar que todos somos hermanos e hijos de Dios y que Este ha puesto numerosos bienes en la Tierra pero no para disfrute de unos pocos sino de toda la Humanidad.
Por ello, además de enviaros nuestros mejores deseos para vosotros y vuestra familias para estas fiestas y el año próximo, os adjuntamos el interesante trabajo que sobre la comunicación cristiana de bienes ha realizado Igor Irigoyen, de Itaka.
Recordamos aquí las conclusiones de dicho trabajo:
“La comunicación cristiana de bienes, a la que estamos llamados todos los seguidores de Jesús, es una práctica con hondas raíces en la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, así como en la tradición de la Iglesia, de forma especial en la obra de los Santos Padres.
La comunicación cristiana de bienes guarda una íntima relación con el destino universal de los bienes, uno de los principios permanentes de la Doctrina Social de la Iglesia, ya que se funda en una concepción de los bienes terrenales como creación de Dios, al servicio de toda la humanidad. Igualmente, parte de una visión de la propiedad sujeta a su función social. La comunicación de bienes se dirige, por tanto, a hacer efectivos ese destino universal y la función social de la propiedad de los bienes.
A lo largo de la historia de la Iglesia encontramos una presencia constante de la comunicación cristiana de bienes, aunque con diversa intensidad y acentos en función del momento histórico y de los enfoques teológicos y filosóficos con influencia en la propia Iglesia. En este sentido, puede afirmarse que el actual magisterio social de la Iglesia ofrece sustento doctrinal para impulsar de forma renovada la comunicación de bienes.
Son diversos los caminos a través de los cuales la comunicación cristiana de bienes se puede y debe hacer efectiva. Por un lado, está el de compartir de forma gratuita aquello que los demás necesitan (a través de prácticas tradicionales como la limosna, el diezmo o la bolsa común, y sus variantes actuales). Junto a ello, adicionalmente, reviste una gran importancia el papel como agentes económicos y construir desde dicho papel una sociedad más justa y fraterna.
Periodos de crisis económica y de crecimiento de la desigualdad, como el que vivimos en la actualidad, interpelan a la Iglesia de forma especial en orden a profundizar en la práctica de la comunicación cristiana de bienes, como manera de responder a la luz del Evangelio a los signos de los tiempos y dar testimonio de compromiso con la justicia y la solidaridad.
En la sociedad actual han surgido un conjunto de iniciativas dirigidas a recuperar la vinculación entre la economía y la ética que, de forma explícita o implícita, participan de los fundamentos de la comunicación de bienes y, en esa medida, contribuyen a hacerla efectiva. Numerosas de esas iniciativas implican a entidades y personas de Iglesia, en algunos casos como impulsoras y en otros como participantes dentro de una pluralidad de colectivos y organizaciones sociales.”
Ver el documento completo aquí.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Arizmendiarrieta en la frontera
(Artículo
de José María Guibert, Jesuita, Rector de la Universidad de Deusto, publicado
en El
Correo del 29 de noviembre 2013)
La
frontera es hoy en día un símbolo o metáfora que va más allá de las cuestiones
puramente geográficas. Hay muchas áreas, culturales, sociales o ideológicas, en
las que nos encontramos divididos y en las cuales hemos establecido, o
heredamos, muros que aunque parezcan invisibles o intangibles ciertamente
establecen espacios cerrados y estancos, con poca comunicación entre ellos.
Para
la misma Iglesia católica, y para todos, las fronteras son lugares que, aunque
parezcan inhóspitos o incómodos, son lugares de crecimiento, de renovación, de
contacto con otros agentes y modos de vivir y pensar. A la larga, estar lejos
de fronteras puede llevar al sectarismo, la "guetización" y la
irrelevancia social y cultural. Las organizaciones a veces no tenemos ni
personas, ni lenguajes, ni interfaces para estar presentes en lugares cultural
o socialmente distintos a los “nuestros”.
La
cuestión social, que afecta a todas las personas y organizaciones, ha sido no
solo punto de división sino de encuentro. La Iglesia tiene aquí un ámbito
propio de acción, tal y como lo ha hecho desde sus orígenes. El Misterio, Dios,
la experiencia personal de la acción de Dios en cada uno de nosotros, lleva
inmerso consigo el deseo o búsqueda de la fraternidad universal o justicia
social. El teólogo Karl Rahner escribió: "En el futuro el cristiano será
místico o no lo será". Años después el obispo Pedro Casaldáliga añadió:
"El cristiano del futuro o será pobre solidario con los pobres, o no lo
será". Las dos dimensiones son parte de la misma historia.
El
sacerdote José María Arizmendiarrieta (Markina, 1915 – Arrasate, 1976) está
inmerso en un proceso
de canonización. Justificó su actuación en el ámbito social desde los
pronunciamientos oficiales de los Papas sobre temas sociales recogidos en lo
que se denominan “encíclicas sociales”. La primera encíclica de las que
conforman la doctrina social de la Iglesia es de 1891 (León
XIII, Rerum novarum) y la última de esta índole es de 2009 (Benedicto
XVI, Caritas in Veritate). Este mes ha sido presentado en Sevilla el libro
“Pensamiento Social Cristiano abierto al siglo XXI”, editado por el profesor
José Sols y con la participación de un buen grupo de profesores de
universidades jesuitas, entre ellos algunos de la Universidad de Deusto, de sus
dos campus. A los temas clásicos de desarrollo humano, caridad, gratuidad,
dignidad humana, derechos humanos, mercado, empresa, trabajo, propiedad,
progreso, globalización, cooperación, etc., se añaden otros como ecología o
tecnología que aparecen más explícitamente en la última encíclica citada de
Benedicto XVI. Ese libro es sólo un signo más de que desde la perspectiva
católica se puede hacer un aporte a la cultura realizando pronunciamientos que
afectan a valores y creencias, a ideologías y derechos humanitarios, en un
mundo en cambio y con necesidad de justicia y ética.
La
santidad, en el mundo católico, hace referencia a personas que, por sus
virtudes y vida, muestran para los cristianos caminos creíbles y elogiables de
vida cristiana. En el caso de Arizmendiarrieta se muestra que no hay oposición
entre ser sacerdote y ser emprendedor social. Incluso, se puede decir que ese
sacerdocio se deriva o se expresa en ser emprendedor social. Este
emprendimiento social se concretó en aplicar al mundo laboral u organizacional principios
clásicos del pensamiento social cristiano y en colaborar en la fundación de instituciones
cooperativistas. Y esto sin contraponer, más bien relacionándolo, con el
fomento de la vida sacramental y el acompañamiento y la guía espiritual.
Algún
analista comparó a Arizmendiarrieta con el paleontólogo y filósofo Teilhard de
Chardin. Si el pensador francés se empeñó en mostrar que a Dios se va por la
evolución de la creación, la espiritualidad de Arizmendiarrieta, en cambio, nos
invita a ver que el trabajo nos lleva a Dios. Para algunas mentalidades la
santidad está en espacios “sagrados” y no en los “profanos”. Arizmendiarrieta y
sus seguidores no vieron la santidad como algo separado del mundo.
Este año, el aniversario del fallecimiento de Arizmendiarrieta (29 de noviembre de 1976) se celebra en un contexto muy particular: la crisis de una de las empresas emblemáticas del movimiento que él fundó. Esto ha provocado muchas reflexiones sobre el movimiento cooperativo. Ha servido para retomar y reafirmarse en los principios originales como son el de la participación o democracia interna, el de solidaridad (dentro de las empresas o entre cooperativas), o el de cooperación o ayuda a los demás. Y también para recordar que la clave del éxito está en que los anteriores valores no han de estar en contradicción con otros principios de la realidad, como son la gestión empresarial adecuada, con el importante rol de los cargos directivos; los criterios que pide el mercado, como son la eficiencia, la productividad o la rentabilidad; y otros factores relevantes, como son el dinamismo y la innovación.
Un
hombre muy austero (Arizmendiarrieta) ayudó hace medio siglo a crear y repartir
riqueza, conjugando esto con los valores de justicia social y solidaridad.
Desde su sacerdocio fue sembrador de pensamientos audaces y avanzados, de
anhelos nobles. Supo ver en la situación de crisis económica de la posguerra,
en Arrasate, una frontera en la que había que introducirse. Estamos ahora en
otra época de crisis, tanto para la economía como para la fe católica. Hacen
falta Arizmendis que se comprometan personalmente con los problemas y que, desde
el lado religioso y desde el lado humanista, den respuestas realistas a las
nuevas necesidades.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)


